La anestesia epidural en el parto: ventajas y riesgos

La anestesia epidural no es la única técnica para reducir el dolor durante parto, hay alternativas,  aunque sí es las más eficaz y segura.

Pocos aspectos relacionados con la anestesia tienen tanta repercusión en la sociedad y los medios de comunicación como el empleo de anestesia epidural durante el parto.

El dolor y el sufrimiento son consustanciales a la condición humana y han generado inquietud en el ser humano desde los albores de la Historia. Muchos ritos antiguos de iniciación o de paso a la vida adulta estaban acompañados de una cierta dosis de dolor, que servía para demostrar la valía y el compromiso del individuo con el grupo.

Así mismo, el dolor ha acompañado a la mujer a lo largo de la Historia, siendo una parte inherente al trabajoso esfuerzo de traer hijos al mundo. Y las sociedades han buscado una justificación o explicación para el dolor del parto. Algunas culturas lo han entendido como un elemento de superación y motivación (“la guerra de las mujeres”) mientras otras lo han interpretado como un castigo divino.

Aunque el dolor del parto sea un dolor culturalmente aceptado, en las sociedades modernas la mayoría de mujeres demanda algún tipo de procedimiento médico para calmarlo.

“La epidural no es la única técnica para reducir el dolor durante parto”, señala el Dr. Carlos Nieto, anestesiólogo, “Hay alternativas, como la utilización de fármacos intravenosos o inhalados, el parto bajo el agua,  las técnicas de relajación/distracción…)”. No obstante, la analgesia epidural puede ser considerada desde un punto de vista integral como la técnica más eficaz y segura empleada en los entornos social y económicamente desarrollados.

 

El espacio epidural

El espacio epidural es la zona que rodea la meninges, unas membranas que envuelven la médula espinal y los nervios antes de salir de la columna vertebral hacia el abdomen y las piernas.

Para acceder al espacio epidural se realiza una punción con una aguja especialmente diseñada para ello. Esta aguja se introduce a través de la piel entre dos vértebras (habitualmente entre la tercera y la cuarta vértebras lumbares). Cuando la punta de la aguja se encuentra en el espacio epidural, se introduce un catéter por el interior de la aguja. A continuación lo habitual es que se retire la aguja, permaneciendo el catéter con la punta introducida dentro del espacio epidural. A través de él se administrarán los fármacos que actúan sobre la médula y los nervios, calmando la sensación de dolor que acompaña a cada contracción.

Esta técnica tarda entre  10 y 15 minutos en hacer efecto y con ella se consigue  que el dolor disminuya de forma evidente (con un éxito de entre el 80-90% de los casos). El anestesista debe ser cuidadoso con la dosis para evitar que un exceso de fármaco pueda producir, entre otras complicaciones, la parálisis de los músculos de la pelvis y las piernas (lo que dificultaría que la mujer pueda empujar cuando llegue el momento).

Para poder recibir la epidural con seguridad es necesario colocar una vía venosa para poder administrar suero o fármacos a la mujer si fuera necesario. También puede ser necesario monitorizar alguna de sus constantes (frecuencia cardíaca, tensión arterial….) para comprobar que todo va como es debido.

En caso de que la mujer esté de parto bajo los efectos de la epidural y sea necesario realizar una cesárea (porque el parto no avanza, existen riesgos para el feto, la cabeza no baja…) generalmente puede utilizarse el catéter epidural para administrar una dosis más elevada de anestésico. Esta dosis producirá una anestesia completa del abdomen y permitirá así realizar la intervención sin dolor.

 

Elegir o no elegir epidural

La epidural no es imprescindible para parir y la decisión debe ser tomada por cada mujer de forma libre y sin coacciones. La mujer debe conocer las ventajas que puede esperar de la epidural (franca disminución del dolor) y los aspectos negativos que podrían ocurrir como consecuencia de su uso (complicaciones de la epidural).

Cualquier decisión a favor o en contra debe ser igualmente respetada. Ni son cobardes o peores madres las que recurren a la epidural, ni son ignorantes o masoquistas las que prefieren parir sin epidural.

El mejor camino para que las mujeres escojan de forma verdaderamente libre y juiciosa es recabar información, ya que no hay mayor tiranía que la de la ignorancia o las falsas creencias. Esta decisión personal deber ser el resultado de un proceso íntimo de reflexión basado en información veraz.  

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